Estado de letargo, hibernando para florecer

Estos dos últimos meses, he vuelto a experimentar la magia de la lentitud, la pérdida de la noción del tiempo, el abandono de mi ser, rindiéndome a la existencia sin prácticamente nada que hacer y rompiendo expectativas, creencias y patrones de comportamientos afincados en nuestra cultura.

Miro atrás y tengo la sensación de como si en un único año, se hubiera podido abrir y cerrar el acordeón de un abanico de arcoíris, desplegándose ante mi, intensamente comprimidos, varios años simultáneos, sin apenas físicamente moverme ni desplazarme demasiado lejos de mi residencia habitual, hubiera transitado un sinfín de distintos parajes ricos en colores, texturas, sabores y olores. Y en cada uno de ellos teniendo la oportunidad de sumergirme y regocijarme en profundidad hacia mi interior desde distintas perspectivas, recibiendo un montón de información, muchas veces en forma de revelaciones, permitiéndome el privilegio de integrarlas a cada paso, sin tratar de aprisionarlas, sin prisa, ni presión alguna. Aprendiendo nuevas maneras de descubrirme en escenarios cotidianos de mayor presente, ilusión y amor compartido. Y como un carpintero, repiqueteando en mi consciencia una y otra vez el mismo mensaje, me susurra para que no me disperse ante tanta oscuridad, avaricia y engaño, en un eterno no me olvides: lo que verdaderamente es esencial y por lo que he venido a este mundo es básicamente para una sola cosa: APRENDER A AMAR, la asignatura pendiente del ser humano. Y me doy cuenta que aun me queda TANTO por aprender.

Conocer nuestra vida es conocer íntimamente cómo nos sentimos. Nuestra vida dura únicamente un instante. La mente está en un estado constante de flujo. Ningún pensamiento, ningún sentimiento, ninguna sensación dura más que un instante antes de ser transformado en el siguiente estado, en el siguiente pensamiento, en las siguientes sensaciones.

Cuando nos atrevemos a habitarnos por completo, desde este instante de presente, nos permite estar viviendo más plenamente el presente en vez de vivir nuestra vida como un pensamiento. Nos capacita para observar con Compasión, y tal vez con humor, el torbellino inesperado de emociones combinadas, no como algo que necesita ser juzgado, ni como un drama más de lo mundano, sino como un trabajo que está en marcha, y que ni siquiera yo lo he decidido y menos lo puedo controlar.

Te invito a que seas consciente de que estado mental predomina en tu conciencia a lo largo de estos días. Darnos cuenta de los estados mentales es un reconocimiento más profundo de lo que sucede en el momento en que está sucediendo. En este interminable “darse cuenta”. Y para darnos cuenta necesitamos “la atención”, la cual es en sí misma sanadora. Donde se concentra la atención, se presentan los potenciales más profundos de claridad y equilibrio. Aunque aquello de lo que nos damos cuenta puede estar cambiando incesantemente, el “darse cuenta” permanece constante, una espaciosidad luminosa sin principio ni fin, sin nacimiento ni muerte. Es la esencia de la propia vida. Es lo que permanece cuando todo lo permanente se desmorona. Es lo inmortal, es LA CONSCIENCIA. Y me postro ante ella una y otra vez, para seguir siendo su fiel discípula y humildemente una aprendiz, dejándome llevar por la corriente del río de la luz, que ilumina el sendero de mi corazón, relajándome una y otra vez en mi consciencia, sin reservas, ni lucha, ¡cada día con menos corazas y creando burbujas de amor a mi alrededor y sobretodo en mi interior, para seguir flotando en esta espaciosidad luminosa!

Creo sinceramente y firmemente que este es el mejor momento para el ser humano, para indagar de forma más profunda y descubrir quien realmente “soy”, si nos permitimos soltar gran parte de los personajes que hemos ido creando a lo largo de nuestra vida o al menos tratar de des identificarnos de los que han quedado obsoletos, tal vez podamos crear una nueva inteligencia humana, una nueva forma  de vivir plenamente la vida, atreviéndonos a dejar atrás el pasado (incluso nuestro pasado tiene su propia vida) y viejos modelos de pensamiento arcaicos y conductas repetitivas innecesarias.

Atesorando el verdadero valor de mi existencia, no por lo que hago, ni por lo que tengo, ni por lo que gano, ni por lo que digo, ni por mis éxitos, ni por mis fracasos. El verdadero valor y poder de mi ser, reside en permitirme el privilegio y lujo de parar, relajarme y dilatar aun más mi corazón desde la rendición, atreviéndome a dar el cien por cien de todo mi potencial ahora y aquí, este es sin lugar a dudas el mayor aprendizaje y regalo que me ha brindado este 2020, como fuerte sacudida, preparación y práctica principal para este 2021, cultivando desde un lugar de inocencia, pureza y alegría.

 

¡Deseo con todo mi corazón, que este 2021 te permitas la magia de seguir creciendo interiormente, desde el juego y la consciencia!

 

Amerai Carrera

 

 

2020-12-29T10:50:46+00:00