Relajar y Soltar

En estos días he podido escuchar y sentir mi cuerpo, mi mente y mis emociones más que nunca, tres meses de confinamiento, dan para mucho.

Un retiro individual con todos los extras y comodidades posibles, me ha ayudado a quitar velos, verdades y realidades que había convertido en slogans, están cayendo uno a uno, viendo y abrazando mis sombras de lo que creí que era, para dejar paso a una nueva yo, más honesta, más humilde y sobretodo sensible y abierta.

Siendo consciente de la dureza con la que yo misma me he tratado durante muchos años e incluso a veces sin darme cuenta también a los seres que amo, utilizando el enfado, la indignación de una niña incomprendida, como motor para sobrevivir, como una segunda capa de piel que un día decidí ponerme para tirar hacia delante, emborrachándome de un sinfín de que haceres, distrayéndome constantemente, yendo y viniendo de aquí para allá, coleccionando millones de experiencias sentimentales de gran intensidad, como a quien se le acaba el mundo, en un intento desesperado de encontrar un sentido a la vida, en un anhelo infantil, pasando del romanticismo a la rebeldía, tratando de buscar y descubrir quién soy, de sentirme completa y de encontrar la paz en mi interior a través del amor.

Hoy caen mitos, mitos que yo me he creído, mitos que yo he alzado y proclamado a los cuatro vientos, creencias en las que me he agarrado para identificarme con distintos personajes en distintos contextos a lo largo de mi vida para justificar quién era, en las distintas fases y aspectos o sistemas con los que me relacionaba.

He visto mi exigencia y el esfuerzo innecesario que requería mantener estos “niveles de superación”, la frustración y la ansiedad que en mi ejercía esta presión y el miedo a sentir el dolor que almacenaba mi corazón al no acabarme de permitir soltar el control y rendirme a la experiencia de presente, una vez más en un intento desesperado de demostrar que era suficientemente “buena” como para ser vista, respetada y amada.

Me he dado cuenta de la cantidad de veces que me he sentido humillada y yo a la vez he podido humillar al otro. Dándome cuenta de la importancia de los derechos humanos y de lo rápido que pierdo – perdemos la dignidad en pequeños actos del día a día.

He reconocido el miedo al rechazo y a la soledad y he conectado con la maravillosa experiencia de sentirme vulnerable, al permitirme parar, dejar de hacer, contemplar, perdonar y agradecer. Me siento privilegiada y desde luego con muchos recursos interiores para poder dejar ir aquello de mi que no me sirve, quitándome más máscaras, aprendiendo a ser más amable y dulce conmigo misma en lo cotidiano y simple, desde como me lavo los dientes, a las cosas que me digo, para poder dejar el perfeccionismo, y sentir que es lo que realmente me motiva, me seduce y donde quiero poner mi atención y mi energía, para que ya no hayan más fugas y sentir el cobijo en mi ser.

Cultivando día a día, una mente más positiva, observando a través de mis los cambios, permitiéndome sentir y explorar aún más en mi cuerpo, sintiendo el hígado, el pecho, las piernas, para unificar mi experiencia, despegándome de cualquier resultado sin sentirme culpable por este largo periodo de letargo e introspección. Viendo y abrazando mis sombras, perdonándome a mi y a los demás, liberándome de una parte de la mujer guerrera que se da cuenta que ya no necesita luchar más, que puede relajarse y en esta decisión y acto consciente liberándome de la culpa, de la auto negación de lo que hay en mi. Abriéndome a ver más de cerca lo que se mueve. Habiendo temblado, en el límite entre lo conocido y lo incognoscible, como una gota de rocío que cae de la hoja de loto, temprano en la mañana. Admirando los momentos preciosos llenos de sutilidad. Entregándome a la fuerza de la gravedad, como la gota que se escurre de la hoja, perdiendo su identidad previa para unirme a la inmensidad del agua que está abajo.

Caen fantasías, ideales y fanatismos… permitiéndome descansar siendo el testigo de mi propia conciencia, desmintiendo mi propio engaño, descubriendo nuevas dimensiones, sin necesidad de conquistar, ni competir, abriéndome a mi inocencia divina, sin tener que probar que soy alguien especial, sin necesidad de actuar, para que brote desde mi esencia solamente eso: esencia, desde la flexibilidad y la compasión, siendo parte de este infinito, como quien se funde y se disuelve y de repente desaparece.

2020-06-11T10:42:28+00:00