Espiritualidad y Vida

La verdadera vida espiritual empieza cuando la persona siente dentro de sí una inquietud hacia lo superior.

La vida es un proceso dinámico, si no, no es vida. Vida no significa moverse exteriormente de acuerdo con unas normas; vida siempre es una manifestación de energía interior, es un proceso interno, no es una cosa externa (aunque se manifieste en lo externo). 

Si no hay esta inquietud interior, esa energía vital interna, no hay auténtica vida espiritual. 

La vida espiritual es el desarrollo de un aspecto normal y necesario en el ser humano, no solo para unos cuantos, sino para todos, porque responde a una necesidad de todos. Esta necesidad puede expresarse de muchos modos y puede adoptar una forma distinta para cada ser. 

Si recapitulas estos últimos 365 días del año 2023, y observas tus proyectos, deseos, sueños y motivaciones, ¿cuántos de ellos tienen una dimensión caduca?

Todos nuestros mecanismos, todos nuestros contenidos psicológicos, ideas, sentimientos están siempre basados en estructuras contingentes, transitorias: deseamos tener una casa, un cargo, ganar dinero, vivir en un lugar determinado, tener una pareja, un coche, sentir placer, tener reconocimiento…etc. Deseamos una serie de cosas, las cuales, todas, por su propia naturaleza son transitorias, están destinadas a transformarse y a desaparecer. Por lo tanto, intentar aferrarnos, confiar o buscar la seguridad profunda sobre estos valores es peligroso. La mayoría de personas intentan afirmarse exclusivamente en estos valores, aunque a la larga todos fallan, todos, incluidas las relaciones familiares. 

Hay una ley inquebrantable, todo lo que ha tenido un nacimiento tendrá una muerte, todo lo que tiene un principio debe tener un fin.

Si aspiramos a vivir algo profundo que nos aporte un verdadero significado, una auténtica seguridad, más sólida y permanente, inalterable, que no esté a merced de vaivenes de ninguna clase, deberíamos buscar algo que no nazca y que no muera.

La clave principal según mi experiencia, sucede cuando somos capaces de vivir desde nuestro centro, desde la pura presencia, desde nuestra propia coherencia e integridad interna, a través de nuestra propia responsabilidad individual y con el entorno. 

Esto es fácil de decir y sin embargo resulta muchas veces caro, porque exige de nosotros lo que más queremos, aquello a lo que estamos más apegados: nuestro propio amor, nuestro yo – idea, nuestro egoísmo. Exige entregarnos completamente a nosotros mismos, y para algunas personas esto es más difícil que dar o gastar dinero. 

La vida espiritual exige abertura y entrega, basadas en la aspiración. Cuando nos quedamos aferrados y encerrados a nuestro torreón, en el palacio artificial de nuestras ideas, deseos, ficciones y temores nos perdemos a nosotros mismos, se producen brechas en nuestro interior, fugas energéticas y enfermamos. 

En este camino hacia lo más profundo de nuestro ser, necesitamos cultivar la atención, dirigir nuestra mente hacia un sitio o hacia otro, porque allá donde dirigimos nuestra mente se dirige nuestra energía. 

El ser humano está pensando todo el día, centrando la atención especialmente en las preocupaciones, en los problemas, en las carencias, por esto son tan reales, incluso, para muchas personas son más reales que su propio cuerpo físico. Vitalizando aquella idea, dándole consistencia a ese problema de un modo real, no figurado, pues la noción de la realidad en un nivel determinado depende de la cantidad de energía psíquica que funciona por él. 

Para este 2024, ¿dónde decides poner la atención a tu aspiración? 

Desde tantra esencia de vida te proponemos a que en lugar de pensar y pensar alrededor de estas ideas, prestes la atención, mira, observa y sigue mirando. Dirige la mente en línea recta a la vivencia, a la intuición, a la aspiración y mantenla allí con el corazón abierto y entregándote a lo que aún está por conocer. 

Amerai Carrera

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