Rompiendo las cadenas del pasado

Momentos de eclipses, momentos de máxima intensidad solar, se une al solsticio de verano, afecta a la familia, al hogar y a la pareja. Momento de posible transformación individual interior si miras hacia adentro.

Totalmente de acuerdo con Eckhart Tolle: todos los seres humanos disponemos de un cuerpo de dolor, que empezó a forjarse desde temprana edad. Desde la infancia, siendo niños al pasar por experiencias, sensaciones y emociones muy fuertes tales como: abandono, rechazo, límites mal definidos, chantaje emocional, promesas no cumplidas, falta de voluntad, manipulación, abuso, amor condicionado, humillación, ignorancia, castigo, culpabilización, exigencia, agresividad, desprecio, falta de respeto, juicio, etc. Fuimos creando esta pantalla de protección a nuestro alrededor como medio para sobrevivir y día a día fuimos identificándonos con él, como una segunda piel.

De pequeños difícilmente tuvimos las herramientas para poder manejar y menos para poder expresar este cúmulo de sentimientos, emociones y pensamientos, y como resultado muchos de nosotros tuvimos que reprimirlo, negándolo y enterrándolo en lo más profundo de nuestro ser, en una parte de nuestro inconsciente, en un disco duro enterrado bajo tierra sellado con doble candado, era demasiado doloroso como para poder permitirnos sentirlo y así fueron pasando los años, de la niñez a la adolescencia y de la adolescencia a la juventud hasta llegar a nuestro presente. ¿Cuántos años han pasado desde entonces?

Sin embargo, aunque pretendamos enterrarlo, y hayamos sobrevivido a la tormenta de un pasado agridulce, insensible y poco atento a las necesidades de un ser vulnerable, sensible e indefenso, todos esos sentimientos están almacenados en nuestro interior y como resultado este cuerpo de dolor cuando permanece en el inconsciente emana hostilidad, se alimenta de vibraciones bajas y hay la necesidad de culpar, discutir, confrontar, criticar, victimizar, pensar lo peor, juzgar, quejarnos, victimizarnos, sabotear nuestra felicidad y de forma inconsciente fácilmente uno se puede volver adicto a  buscar situaciones conflictivas y negativas ya que este “personaje” se siente como en casa ante esa vibración, y como dice el dicho: más vale malo conocido que bueno por conocer. Esta segunda piel es nuestro estado de confort, como un animal salvaje enjaulado a punto de explosionar en cualquier momento, enfadado y sintiéndose continuamente prisionero ante sus propios condicionamientos.

Cuando estamos solos es más llevadero, puesto que las posibilidades de confrontación disminuyen radicalmente, pero en el momento en que nos abrimos a relaciones de intimidad más profunda, este cuerpo de dolor se convierte en un despertador, es como una bomba de relojería y la dependencia a esa toxina emocional y mental que nos catapultan a esas herida, provocan continuamente situaciones dramáticas y reacciones amplificadas y distorsionadas, perpetuando de este modo el dolor y la herida e  identificándonos aún más con nuestra estructura mental del ego (reafirmando una parte de nuestro personaje no verdadero) e incrementando un alto grado de emocionalidad, cambiante a cada instante. Cuando estamos atrapados bajo este influjo, el flujo mental y el cuerpo emocional se funden de tal modo que parece imposible salirse de este espiral, como si a fuera no hubiera nada más. Nos quedamos atrapados en nuestra propia película o sueño, convirtiéndose en una pesadilla o infierno. Como si fuera la única realidad, la única verdad y no vemos ninguna reacción distinta posible. Entrando después en la culpa, el auto reproche, la huida y acrecentando esta capa densa, cada vez más difícil de sostener.

La verdadera libertad, no consiste en cambiar de trabajo, de país, de casa, de pareja o disponer de mucho dinero, propiedades, coches, amantes …ya que si revisamos nuestra historia personal pasada, probablemente aunque los escenarios cambien, es posible identificar los mismos personajes en nosotros y en las personas que atraemos a nuestras vidas, así repetimos patrones, dinámicas de poder, comportamientos inconscientes, juego de roles y seguimos firmando pactos invisibles a compromisos que nos esclavizan a perpetuar nuestros propios dramas, como la rueda de la vida, como un hámster en su jaula, girando en su ruedecita, siempre en la misma dirección, distraídos continuamente en el pequeño teatrillo de la vida, en un sinfín de quehaceres  externos justificados por el ego y en realidad atrapados por el miedo a ver los hilos que nos impiden ver la verdadera naturaleza de nuestro propio ser: inocencia, creatividad y amor en estado puro.

Para despojarnos de las cadenas que nos esclavizan al sufrimiento de nuestra propia existencia, y poder quitarnos todas estas capas de rudeza, despotismo, vergüenza, rigidez, dureza, desconfianza y miedo, es necesario desarrollar una visión interior que va más allá de nuestros personajes, de la anécdota del día a día, de cada etapa de nuestra vida, ten el valor de toma perspectiva, distancia, tiempo, silencio, relajación, con una clara intención de poner el foco hacia adentro, en tu cuerpo físico, sintiendo directamente la emoción sin filtros mentales, ni tristes pensamientos, de tu desdichada historia. Sin intentar cambiar lo que hay en el presente, ni desear que las cosas sean distintas a como son, vasta de auto compadecerte, acepta y abraza por completo lo que sientes en este momento, ábrete a este darme cuenta, aprende a cultivar la presencia, deja las adicciones, el auto engaño, el auto maltrato y responsabilizate de lo que es tuyo. Y en lugar de resistirte y evitar sentir, ábrete a tu propio dolor, dale espacio a tu cuerpo para sentir, y poco a poco al otro lado, aparecerá más espacio alrededor del mismo, disminuirá la ansiedad, dejaras de identificarte con el sentimiento, con la angustia de la emoción que atrapa tu propio pensamiento, y aparecerá otra dimensión, la del momento presente, este es también el principio del fin del cuerpo del dolor, donde es posible la transformación, donde hay un arcoíris, un puente que puede llevarte hacia tu verdadera meditación. Deja de luchar para evitar sentir tu propio dolor, ríndete, será más fácil poner luz y amor a través de la consciencia. Ahí es donde reside tu verdadero poder.

Nuestra infelicidad de ser infeliz es otra capa de nuestra infelicidad, es el juego perverso de la mente. Siendo nada suficiente.

Aprende a cortar los lazos que te mantienen anclado, atado y esclavizado a tu historia, atrévete a reescribir tu propia novela desde el presente, reinvéntate, baja la intensidad y cambia tu vibración.

Este es el camino para descubrir quién realmente somos, para reconocer en nosotros nuestra luz interna y encenderla, aunque puede que haya confusión, cansancio, ansiedad, sentimiento de pérdida, abandono, caos emocional, falta de energía, apatía, recuerda dos cosas: uno, no estás solo, dos, confía que todo esto si le pones consciencia y te atreves a ver aquello que no has querido o supiste ver, ahora necesita claridad. Es el momento, estás preparado y algo más grande que tu te sostiene. Confía. Perdona. Agradece.

Feliz solsticio

Amerai Carrera

2020-06-19T10:55:27+00:00