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APRENDIENDO A AMAR

Cuando nos enamoramos, cuando echamos de menos a alguien, cuando ahondamos en una amistad, cuando nos alegramos de disfrutar de tiempo con nuestros familiares, decimos «Te quiero«, sentimos o creemos que amamos,
pero:

¿Qué es el amor?

—Te amo —dijo el principito.
—Yo también te quiero —dijo la rosa.
—No es lo mismo —respondió él.
En su brillante y breve narración, Saint-Exupéry nos explica con lucidez literaria y sabiduría de corazón la diferencia entre «querer» y «amar«.

Tomando prestadas algunas de sus palabras podemos decir que querer es tomar posesión, desear hacer nuestro lo que no nos pertenece para completar así nuestras carencias. Desde esta actitud, cargada de expectativas, la falta de reciprocidad conlleva siempre sufrimiento, frustración, decepción.

Sin embargo, amar es algo radicalmente distinto:

Cada ser humano es un universo. Amar es desear lo mejor para el otro, aún cuando tenga motivaciones muy distintas.
Amar es permitir que seas feliz, aún cuando tu camino sea diferente al mío. Es un sentimiento desinteresado que nace en un donarse, es darse por completo desde el corazón. Por esto, el amor nunca será causa de sufrimiento. […] Amar es la confianza plena de que pase lo que pase vas a estar, en silenciosa compañía. […] Amar es darte un lugar en mi corazón para que te quedes y saber que en el tuyo hay un lugar para mí.»
Si el principito hubiese querido a la rosa, la hubiese arrancando para sí.

En cambio, la ama, y por lo tanto desea que viva para seguir amándola y verla crecer.
—Ya entendí —dijo la rosa.
—No lo entiendas, vívelo —dijo el principito.»
Lo que me gusta preguntarme, entonces, y lo que os invito a preguntaros es:

¿Cómo llegar a amar verdaderamente, dejando atrás esa voluntad de posesión?
Con el tiempo, a lo largo de estos años de autoconocimiento y crecimiento personal, la respuesta ha llegado sola, mágica y clara.

De poco hubiera servido intentar cambiar el querer por el amar solo poniendo intención, aprender a experimentar un amor pleno y desinteresado solo entendiendo el concepto.
Aquí tenéis mi respuesta:

amaos a vosotros mismos.

La falta de amor hacia uno mismo empuja a buscar ese amor en el otro, a quien exigimos que llene nuestro vacío. Sentimos que no somos lo suficiente para ser felices y creemos que no podemos  estar solos, que alguien debe acompañarnos, completarnos, dignificar nuestras carencias con su amor.

Y así, buscando uno en el otro lo que creemos que a cada uno falta, eclipsando nuestros miedos y mirando afuera más que adentro, nos «queremos».
Miremos adentro. Conozcamos nuestros tesoros y también esos negros vacíos que nos asustan y que son parte de nosotros.

Aceptemos quiénes somos desde la íntima soledad y amémonos así, completamente. Y solo desde ahí, siempre desde ese lugar seguro y completo, miremos afuera y amemos.

Amerai Carrera

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