ROMPIENDO ESTRUCTURAS RÍGIDAS DE PERSONALIDAD

Desde el mismo momento en que nacemos, todos nos vemos obligados a confrontarnos de un modo u otro en la cuestión de la EXISTENCIA frente a la NO-EXISTENCIA. Es por esto por lo que la falta de afecto o de cuidado representa una poderosa amenaza a la existencia del niño, que pone en peligro su supervivencia, y determinará la manera de relacionarse con el mundo.

El niñ@, carece de la capacidad de reflexionar sobre sí mismo, es incapaz de verse y conocerse objetivamente, necesita que los adultos le apoyen y reflexionen por él. Pero cuando el niño no se siente reconocido, visto, amado o bienvenido por su familia o por la sociedad, ocurre algo parecido a cuando miramos en un espejo y no vemos a nadie, situación que va acompañada de la sensación de deficiencia y de miedo, miedo “a no ser nada”.

Es frente a esta amenaza a su existencia, cuando un niño se afirmar creando algún tipo de existencia estable y desarrollando una identidad basada en las imágenes y relatos de sí (¿quién soy?) que se asientan en el conjunto de representaciones que van configurándose a través de nuestra interacción con los demás. Aunque esa identidad, pueda ser negativa y limitada para nuestra evolución, nos aferramos a ella. “Yo soy especial”, “yo no necesito que me amen”, “yo no soy suficiente”, “yo no soy bueno”. Sean cuales sean estas creencias, nos proporcionan una sensación de existencia “estable y conocido”. El hecho de ser algo, aunque sea negativo, es mejor que no ser nada.

De adultos, sin embargo, esta identidad personal que creamos para sentir que existimos, que sí somos reales, y que comienza desde la carencia a muy temprana edad,  siendo una estrategia de supervivencia inteligente  elaborada a partir de recursos naturales de la misma persona, desarrollada para evitar sentir el dolor que provoca el hecho de sentirnos solos, incomprendidos, no vistos, no suficientes y en numerosas ocasiones amados,  acaba convirtiéndose en un proyecto compulsivo que genera un gran conflicto interno y obstaculiza la posibilidad de nutrirnos plenamente de la vida y de la relaciones de amor incondicional.

Parte de la enseñanza Tántrica, consiste en descubrir qué recursos esenciales importantes se esconden en nuestro interior, debajo de cada una de estas pautas defensivas y cómo poder acceder a la inteligencia por debajo de las capas de protección que hemos ido construyendo a nuestro alrededor. Por eso es muy importante ser prudentes a la hora de trabajar nuestra personalidad y desacondicionarnos de nuestro propio pasado e historia, intentando no ser demasiado duros e intransigentes, para poder ir entrando en lo desconocido y en una nueva realidad, libre de vergüenza y culpa y así poder soltar la imagen de nosotros mismos y desaferrarnos a una identidad egoica y narcisista. Para entrar en un mayor sentimiento de unidad y de amor.

Una de las claves es intentar no tomarnos todo tan personal, o no tratar de encasillarnos a nosotros mismos por la personalidad en la que nos hemos convertido y luchar con todas nuestras fuerzas para vivir de acuerdo a nuestros ideales, que probablemente nos hagan sufrir más. Tampoco sirve de nada intentar sustituir la vieja identidad por otra, más “espiritual”, la mejor elección posible en mi punto de vista, consiste en dejar de violentarnos y de tratar de convertirnos en algo que no somos, abrirnos a nuestra experiencia tal cual es, y para ello se requiere desarrollar la capacidad de permanecer presentes en medio del dolor y el miedo de las experiencias por las que atravesemos. Será a través de esta presencia, que nos permite establecer contacto con las potencialidades más profundas de nuestro ser. En vez de ver, las limitaciones implícitas en cualquier persona. Empecemos por aceptarnos tal cual somos, y dejarnos arrastrar por el miedo a lo que vamos descubrir.

Y aquí adquieren especial relevancia, como prácticas de consciencia, por ejemplo, tanto la meditación como la indagación contemplativa interna, pueden resultar herramientas útiles para desarrollar la capacidad de ver lo que está sucediendo sin juzgarlo como bueno o malo. En esa postura, de meditación, podemos encontrar la serenidad y nos puede ayudar a darnos cuenta de como continuamente estamos tratando de mantener nuestra identidad a través de alimentar nuestros pensamientos. El hecho de distanciarnos, un poco de esta víctima o juez interno, puede ayudarnos a que se debilite la rigidez de la estructura de nuestra personalidad y así poder romper con estructuras limitantes y conectar con la esencia de nuestro ser.

 

Amerai Carrera

2021-02-25T11:35:32+00:00